El concepto de que la copa que se usa para consumir un vino influye en su sabor, a lo mejor es un dato exagerado, pero Riedel así lo afirma. Y con esta intención este fabricante austriaco de cristal de alta calidad, ha creado diferentes líneas de copas, con formas y estilos, del modo más adecuado para resaltar todas las características de los mejores vinos. Su colección Riedel Sommelier, es considerada la mejor del mundo por la mayoría de los experto en vino.

Pero para los que no somos tan expertos, decir que para tomar vino la copa debe ser de cristal, fina, lisa y lo suficientemente grande para que el vino se oxigene bien.

Copa Burdeos.
Para vinos tintos. Copa grande y amplia, con forma acampanada en la parte superior permite la correcta oxigenación de vinos jóvenes y viejos.

Copa Borgoña.
Para vinos tintos. Más amplia que la de Burdeos, su forma abombada permite que el vino pueda girar con soltura y que los aromas se liberen.

Copa de vino blanco.
Para vinos blancos. Su forma es parecida a la Burdeos, pero con el cáliz más pequeño y el tallo más alto para así evitar que se caliente el vino cuando la cogemos. Y deben llenarse menos de la mitad para mantener al vino frío.

Copa Chardonnay.
Para vinos blancos. Con un tallo también alto, tiene un cáliz más ancho y abombado que la copa de vino blanco estándar.

Copa de champagne o flauta.
Es la más tradicional y bella para estos vinos. Para vinos espumosos. Su diseño alargado y fino nos permite apreciar bien las burbujas de estos vinos, y duren más. A diferencia de las otras copas, ésta debe llenarse tres cuartas partes.

Copa de jerez.
Para vinos de Jerez. Es más pequeña que las demás, su forma cónica ayuda a concentrar todo el aroma que estos vinos desprenden.

Y si las queremos cuidar mucho, lavarlas con un jabón suave y enjuagarlas con mucha agua y dejar escurrir boca abajo sin secar, de ser posible colgadas para que se aireen y no guardarlas en vitrinas o armarios cerrados.

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