Después de varios meses en la bodega, llega el momento de trasegar el vino. Esta labor es de vital importancia y se realiza varias veces en la vida de un vino. El objetivo es eliminar de impurezas el caldo, separando el vino limpio de las partículas que permanecen en el fondo del envase.

Aunque no existe una relación probada entre la luna y la elaboración del vino, muchos agricultores prefieren trasegar el vino en cuarto menguante, antes de luna nueva.

Al trasegar el vino lo cambiamos de recipiente, dejando en el antiguo todas las impurezas originadas durante la fermentación.

Los trasiegos comienzan a partir del mes de enero-febrero, cuando la fermentación ha finalizado, y se realizan en varias pasadas. Al eliminar las impurezas del vino evitamos que se corrompa y estropee, y conseguimos un vino limpio.