La cepa es el tronco de la vid, de su buen estado depende la producción y la calidad de la uva. Los enólogos cuidan sus cepas año a año, las podan con sumo cuidado para calcular la carga productiva adecuada, y vigilan que se encuentren en perfecto estado. Dependiendo de la época de poda encontramos diferentes tipos:

  • Poda en seco, se realiza en invierno, es la más habitual. Se eliminan los sarmientos de la última vendimia y se dejan los pulgares para la nueva cosecha.
  • Poda en verde, se realiza en zonas propensas a las heladas de primavera. Este tipo de poda elimina el follaje y parte de la carga de la cepa, sobre todo en cepas jóvenes. La poda en verde retrasa la brotación y protege la cepa de las heladas de la primavera.
  • Prepoda, para aquellos casos en que se realiza una poda tardía, en marzo. En estos casos en el mes de diciembre se realiza una primera poda o Prepoda limitada.

En el Bierzo se practica mayoritariamente la poda en seco o poda de invierno.

El tipo de cepa marca el tipo de uva, y hay tantas variedades de uvas como lugares donde se plantan, en parte porque las condiciones climáticas, las propiedades del suelo y los cuidados nunca son los mismos.

Las cepas pueden vivir años y años, y los agricultores las van reemplazando por cepas nuevas cuando así lo consideran necesario. Llegado ese momento se decide el tipo de cepa a plantar, y en cada zona hay una variedad estrella. En el caso del Bierzo hablamos de las cepas de uva Mencía, que producen un vino tinto, con cuerpo, y dan lugar a grandes caldos bercianos, muchos de ellos amparados bajo el sello de Denominación de Origen Bierzo.

Una cepa vieja tiene más herrumbre, da un vino más vigoroso, con más personalidad.