Hablar de septiembre en el Bierzo es hablar de temporada de pimientos asados. Es inconfundible el olor que esta delicia gastronómica nos deja durante este proceso.

Esta tradición comienza varios siglos atrás, cuando se reemplazó el secar los pimientos al sol por su asado, para favorecer así su consumo y comercialización fuera del Bierzo. Las propulsoras de esta iniciativa, como en tantas otras ocasiones, fueron las amas de casa.

Después de varios siglos y no pocos controles de calidad, el pimiento asado del Bierzo adquiere el sello de Indicación Geográfica Protegida en noviembre de 2002. No todos los pimientos asados en el Bierzo se acogen bajo este marchamo, para identificarlos es tan sencillo como fijarse en en la etiqueta que los acompaña.

Pero hablemos de la elaboración estos pimientos. Es importante el momento de su recolección. Se recogen de forma manual y escalonada, en varias pasadas, para coger solo aquellos que cumplan con las condiciones de calidad establecidas. El fruto se transporta hasta los almacenes, donde se registra su entrada. El asado del pimiento se hace, preferiblemente, en plancha usando leña como combustible. El tiempo de asado es muy importante, para conseguir que el fruto mantenga su jugosidad y permitir que el pelado sea sencillo.

Los pimientos se limpian de forma artesanal, uno a uno por manos trabajadoras y nunca deben sumergirse en agua. Luego se envasan y se someten a un tratamiento térmico de esterilización para garantizar su conservación.

Los pimientos asados envasados tienen una larga duración y nos permiten degustarlos en cualquier momento. Son muchas las recetas que encontramos con pimientos asados, como guarnición o ingrediente principal, en ensaladas, guisos y, sorprendentemente, algunos postres.