En el Bierzo encontramos alcornocales de diversa extensión y diferentes variedades. Los podemos ver en los pueblos de Cobrana o Campañana, pero los más espectaculares los encontramos en la zona oeste de Médulas, cerca de Lago de Carucedo.

En el corazón de un extenso bosque mediterráneo cercano a Las Médulas, encontramos 4 ejemplares de alcornoque que destacan sobre los demás árboles que componen el lugar. Encinas, madroños, aligustres que nada tienen que hacer al lado de este pequeño pero majestuoso alcornocal. Son denominados localmente como “zufreiros” y se estima que alguno de ellos tiene más de 400 años. Destacan por sus largas ramificaciones, sus troncos descorchados y raíces descubiertas. Nos llama mucho la atención sus medidas que rondan los 10-14 metros de altura y algunos llegan a 1, 70 metros de grosor en su diámetro.

Además desde este paraje de grandes alcornoques podemos disfrutar de una visión muy diferente de Las Medulas. Distinta de la habitual visión desde la parte norte, el Mirador de Orellán, a la que ya estamos acostumbrados. Y es que estos árboles se sitúan en el oeste y permiten una percepción más amplia, comprendiendo la explotación de Médulas y también la de Yeres.

Los bercianos siguen descorchando periódicamente las cortezas de estos alcornoques para su aprovechamiento en el comercio del corcho. Aunque, sin duda, destacan por su valor cultural y ecológico. Entre las muchas leyendas que existen en el Bierzo, hay una relacionada con la presencia de los alcornoques. Cuenta que todo empezó aquí, en un alcornocal del Bierzo en el Camino de Santiago, donde a un peregrino se le ocurrió usar un trocito de corcho para taponar la calabaza donde llevaba el agua para el camino.