Los canales hidráulicos que surcan las dos vertientes de los montes Aquilianos tienen su razón de ser en las minas de oro que existieron en tiempos de los romanos en el paraje de Las Médulas.

El yacimiento minero de Las Médulas comprende no solo las zonas de extracción, tan llamativas en sus restos actuales de barrancos, galerías y acantilados rojos, sino también extensas áreas de lavado y acumulación de estériles, así como una asombrosamente extensa red de abastecimiento hidráulico, con más de 600 km de trazado.

Cada uno de estos canales se identifica por medio de un código que comienza con las siglas “CN” en el caso de los canales de la vertiente norte, y simplemente con una “C” en el caso de las conducciones de la vertiente sur, seguidos de un numeral que aumenta de menor a mayor cota, y de mayor a menor antigüedad.

El canal C0 tenía su nacimiento en el río Cabrera, aguas abajo de la localidad de Odollo (Castrillo de Cabrera), desde donde fluía a lo largo de 45 km por la parte baja del valle hasta sus depósitos, situados en la periferia de la mina.

El canal C1 cogía sus aguas del río Cabrera, en el entorno de Encinedo de Cabrera donde, excepcionalmente, se ha podido llegar a localizar el punto exacto de la captación en la margen derecha del río.

El canal C2 es uno de los más cortos de la red meridional de abastecimiento de Las Médulas, con “solo” 35 km de longitud.

El canal C3 constituye la segunda conducción de agua más larga de la antigüedad, sólo superado por el canal de abastecimiento a la ciudad romana de Constantinopla (actual Estambul).

El canal C4 de 81 km de longitud, tenía su captación en el río Eria (perteneciente a la cuenca del Duero) en las inmediaciones del actual barrio de Pedrosa de Corporales.

El canal C5 es el canal más alto de la red de abastecimiento hidráulico de Las Médulas. Sus aportes complementaban los del canal C-4 y CN-2 permitiendo el llenado rápido del depósito de Campo da Braña.

Estos canales romanos finalmente terminaban en grandes depósitos desde los que se distribuía el agua para abatir los aluviones auríferos y procesar los derrubios. La montaña, así convertida en una masa de lodo por la acción del agua, era conducida hacia los canales de lavado (las agogas de Plinio), donde se recuperaba el oro por decantación, evacuando los estériles hacia los valles circundantes.

Más información en: canalesromanos.es