Un año más afrontamos el mes de diciembre con frío, ilusión por la proximidad de la Navidad y la presencia de las tradicionales matanzas que se realizan a lo largo y ancho del Bierzo.

La matanza del cerdo es una tradición familiar que se remonta en el tiempo y que ha perdurado hasta nuestros días, sobre todo en el medio rural. Esta actividad se ha profesionalizado siendo varias las empresas que se dedican al embutido y comercialización de productos derivados del cerdo.

En las casas donde todavía se celebra se convierte en un día de trabajo y festividad. La familia se reúne para ayudar en las labores que han de realizarse: despiece del cerdo, picado de la carne, adobo y salazón, embutido y cura.

El adobo es uno de los procesos más importantes, normalmente realizado por la mujer de la casa con mayor experiencia. Una mezcla de sal gruesa, pimentón dulce y picante, orégano, ajo y agua conforman el adobo que dará a la carne su particular sabor. Otras piezas, como las costillas y los jamones, se salan y se mantienen bajo la sal durante varios días.

Los embutidos se cuelgan en varales donde permanecerán varias semanas para su ahumado y secado.

La matanza se desarrolla en 3-4 días laboriosos, pero se disfruta y comparte durante todo el año.