La patata es un alimento que forma parte de nuestra dieta habitual. Fritas, asadas, hervidas… las patatas son muy sabrosas y combinan perfectamente como condimento o guarnición en cualquier tipo de plato. Y en el Bierzo es un alimento muy presente no solo en la mesa, sino también en los aperitivos.

La patata en un tubérculo originario de Sudamérica que nace y se desarrolla bajo tierra. Percatándose rápidamente de su valor, los españoles comenzaron a comerla en sus navíos y algunos años después fue introducida en España.

Desde entonces, ha adquirido mucha relevancia en nuestra alimentación, y hoy día se ha convertido en la base nutritiva de muchos países de todo el mundo.

La patata de siembra se planta en la tierra a 8 o 10 centímetros de profundidad, de esta patata se desarrolla un brote que crece dando origen a una diminuta planta que sobresale del terreno, mientras que en la parte subterránea, el brote principal origina otros brotes, los cuales, a su vez, producen un grupo de nuevas patatas.

Propiedades

La patata es un alimento sano y energético. Contiene mucho almidón, azúcares y proteínas, así como una discreta cantidad de vitamina B, vitamina C y sustancias minerales que adquiere de la tierra.

En cuanto a sus propiedades, podemos decir que 200 gramos de patatas hervidas aportan el 20% de vitamina B1 que necesitamos, el 14% de vitamina B3 y el 24% de vitamina B6. Además ofrecen una cantidad destacada de proteínas y de minerales.

El micronutriente más destacado en la patata es la vitamina B6, aunque no faltan dosis significativas de otras vitaminas del mismo grupo. Una ración media de patatas cocidas aporta más del 10% de las necesidades diarias de vitaminas B1, B2 y ácido fólico.

También, las patatas son una fuente importante de potasio, además de contener pequeñas cantidades de magnesio y hierro.

Cómo cocinarlas

Cocidas al vapor con piel es la forma más sana de cocinar patatas. Si se opta por el asado, mejor hacerlo sin grasa o con una pequeña cantidad de aceite de oliva, y con el horno a menos de 140º C.

Si lo que queremos es cocerlas en agua, lo mejor es hacerlo con piel, pues de esta forma reduciremos la pérdida de potasio y de vitaminas C y del grupo B. Mientras que para freírlas y que contengan menos grasa, lo más acertado sería asarlas y después dorarlas en aceite.