Una gran mayoría de gente asocia el trabajo en el viñedo con el momento de la vendimia, pero lo cierto es que la mayor actividad en los viñedos se lleva a cabo durante los meses de invierno y primavera.

Durante los primeros meses del año el viticultor se afana en podar y preparar la tierra y las cepas para que tener una buena cosecha. Son meses de un  trabajo constante, pendientes del tiempo y de la salud de las vides.

En el mes de abril lo que toca es labrar y abonar las cepas. Pero ¿para qué se realizan están tareas?

Al labrar la tierra eliminamos las malas hierbas, ayudamos a ventilar el suelo y aumentamos la retención de agua. Esta acción beneficia enormemente a la cepa y a su producción.

Los viñedos se abonan para nutrirlos de nitrógeno, fósforo, potasio, hierro y boro. El abonado se hará dependiendo de las necesidades de la tierra. Por ello, antes de comenzar a trabajar una viña, es fundamental conocer nuestro viñedo: qué tipo de tierra es, qué variedad de uva produce, que climatología hay… Aunque los cuidados son comunes, la intensidad con que se llevan a cabo variará de unos terrenos a otros.

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