Hace algunos días hablamos del Castillo de Sarracín situado en el municipio de Vega de Valcarce y de su importancia estratégica. Pero no era el único de la zona; a la margen izquierda del río, en el llamado castro de Vega, estuvo ubicado el castillo de Santa María de Autares. De Este no quedan más que algunas piedras, pero hay detalles de esta pequeña fortaleza que estamos seguros que muchos desconocen. Historias, muchas en forma de leyendas que perduran en el tiempo, y que llegados a este punto, es casi imposible saber qué tienen de realidad y qué de ficción. A pesar de ello, bien merece la pena recordarlas y contarlas, porque ¿a quién no le gusta una buena historia?

Esta tiene lugar en algún tiempo remoto, y su protagonista, un hombre de cuyos orígenes poco se conoce, se cuenta que vivió en el castillo de Autares y que era una persona de fuerte carácter; un conde ambicioso y también cruel. Según la leyenda tendía a obsesionarse con facilidad, y en una ocasión lo hizo de Irene, una hermosa joven, casta y de cabellos largos. El hombre, encandilado por su belleza, trató de seducirla con poca fortuna, pues Irene ya estaba enamorada de un joven galán llamado Ramiro. Pero el conde, insaciable, no desistió, y un día decidió abordarla en medio de la noche. Aturdida por el inesperado ataque, Irene se desmayó, y el conde aprovechó para llevársela a su fortaleza. Como testigo de tal ultraje, solo quedaba el cántaro que portaba la joven y que se había roto en mil pedazos.

Fue Ramiro quien encontró el cántaro de Irene, y llevado por la desazón corrió por campos y bosques, durante varios días, en busca de su amada. Pero el conde había encerrado a la muchacha en lo alto de su torre. Nadie parecía saber nada de Irene, hasta que un buen día, estando las gentes de romería, un anciana habló apropósito de una joven cautiva que había en el catillo. Ramiro, que lo escuchó, echó a correr hacia la fortaleza, y tras días de fría espera, por fin vio al señor de la fortaleza. No se lo pensó, y se abalanzó sobre él, atravesándole el corazón con su espada. Muerto el conde, Ramio pudo reuniere nuevamente con su bella Irene.