El tomate es probablemente uno de los alimentos de la familia de las solanáceas, que más propiedades presenta. El fruto está compuesto por una pared carnosa cubierta por una piel fina, rica en compuestos aromáticos. En el centro posee una médula, donde se enganchan las semillas, rodeadas de un líquido gelatinoso.

El tomate es un alimento con un bajo contenido calórico, cuenta con alrededor de 18 kcal por cada 100 gramos. En su composición, el agua representa el 94%. Le siguen los azúcares (3%), que le proporcionan un ligero sabor dulce. También contiene fibra, vitaminas y minerales.

Destaca por su contenido en vitaminas C,E, B y A. Además de poseer potasio, fósforo y magnesio. Otra de sus virtudes es el alto contenido de licopeno.

Los beneficios del tomate para la salud son:

  1. Reduce los riesgos de accidente vascular cerebral y disminuye los efectos del envejecimiento sobre las funciones cerebrales.
  2. Reduce el colesterol.
  3. Evita enfermedades cardiovasculares y reduce el riesgo de infarto
  4. Ayuda a expulsar toxinas.
  5. Combate infecciones.
  6. El consumo del tomate nos ayuda a tener una buena salud fortaleciendo el sistema inmune y favoreciendo la prevención de enfermedades.
  7. Buen regulador del tránsito intestinal.
  8. Efecto anticáncer.
  9. Protege la piel de los rayos ultravioletas.
  10. Favorece la rápida cicatrización de heridas.

El tomate en la cocina

Además de tomarlo crudo en sopas frías, ensaladas, untado en una rebanada de pan o en forma de zumo, se puede cocinar de muchas maneras distintas: frito, al vapor, guisado… Pero al ser un alimento jugoso, le sienta especialmente bien el asado al horno, porque concentra su sabor mejor que ningún otro método.

A la hora de condimentarlo pocos alimentos son capaces de combinar con una variedad tan amplia de hierbas y especias. Además de con el orégano, la ajedrea, el tomillo o la albahaca, el tomate resulta especialmente delicioso con unas hojitas de cilantro fresco.

La pimienta o el pimentón son ideales para acompañarlo, pero también el sabor alimonado y picante del jengibre, que se puede emplear para darle carácter a una salsa de tomate o a un zumo.

Como consejo…

Para quitarles la piel con facilidad, primero se hace un corte superficial en la base, en forma de cruz, y después se escaldan en agua hirviendo durante 10 o 15 segundos. Seguidamente se escurren, se sumergen en agua fría y se pelan con la ayuda de un cuchillo.

Es preferible elegir variedades locales y ejemplares de piel tersa y sin golpes. Hay que descartar los que presentan partes verdosas o amarillentas cerca del tallo que no se correspondan con su tono natural, pues es señal de que se han almacenado en malas condiciones.

Es conveniente almacenarlos a temperatura ambiente y protegidos de la luz. Ademas si se quiere acelerar su maduración, se pueden introducir en una bolsa de papel con una manzana madura.

 

Fuente: www.cuerpomente.com