Ya hace unos 2.000 años, las citas de Plinio el Viejo y Estrabón se refieren a la existencia de viñedos en la actual comarca del Bierzo, que originariamente es el derivado de la ciudad prerromana Bergidum. Además, conocemos que los romanos impulsaron de forma extraordinaria la agricultura de estas tierras, introduciendo nuevos cultivos como la vid y nuevas técnicas como el arado romano.

No obstante, la mayor expansión de viñedo en el Bierzo, estuvo vinculada al desarrollo de los monasterios medievales, sobre todo los cistercienses, por ser el vino, por una parte, elemento esencial para el culto y porque además, era considerado básico para su alimentación.

Por lo tanto, no resulta extraño que el vino ocupe ya desde hace diez siglos un papel muy destacado en la vida económica de la comarca y que de forma muy constante adquiera un desarrollo cada vez más importante según avanzamos caminando por los siglos medievales, al amparo de la frecuentada ruta jacobea en la búsqueda de la tumba del apóstol Santiago.
La relevancia del mercado vinícola

En la época de los sesenta surgió un fenómeno nuevo, el movimiento cooperativo, que jugaría desde entonces y sigue jugando en la actualidad un papel muy importante en la producción de los vinos.

La calidad de los vinos del Bierzo se vio plenamente reconocida en 1.989, cuando el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación concedía la Denominación de Origen a los vinos del Bierzo.

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