
Ya sabemos que en el Bierzo sacamos pecho (y con mucha razón) cada vez que abrimos un tarro de nuestros pimientos asados. Pero el buen comilón, el que de verdad respeta la tierra y sus tiempos, sabe reconocer una joya aunque crezca unos kilómetros más allá de nuestras montañas. Y como abril es el mes en el que los semilleros empiezan a desperezarse y los agricultores preparan la tierra para la campaña, es el momento perfecto para hablar de un grande de la huerta leonesa y zamorana.
Hoy cruzamos virtualmente a las vegas del Esla para rendir pleitesía al Pimiento de Fresno-Benavente.
Olvídate de esos pimientos de plástico que te venden en bandeja en las grandes superficies, esos que saben a agua y te dejan la boca llena de pellejos. Lo que tenemos aquí es un señor pimiento; un ecotipo local que ha decidido que no hay tierra mejor para crecer que esta, y que se ha ganado a pulso su fama a base de sabor y textura.
Un linaje avalado por Europa
La fama de este pimiento no es un invento de cuatro vecinos orgullosos en la barra del bar. Hablamos de una hortaliza que se cultiva con mimo, siguiendo procedimientos de control muy estrictos. De hecho, tanto el «Pimiento morrón de Fresno de la Vega» como el «Pimiento de Benavente» figuran con letras de oro en el catálogo de la iniciativa europea Culinary Heritage (Patrimonio Gastronómico).
Estar en ese catálogo no es un adorno; significa que Europa reconoce que este producto es clave para entender la cocina tradicional de Castilla y León. Es historia viva que se puede masticar.
Anatomía de un bocado perfecto
Si te ponen un Pimiento de Fresno-Benavente en las manos, lo primero que notas es el peso. Es un pimiento contundente, rectangular (casi cuadrado) y de un color rojo tan vivo que parece pintado. Pero la verdadera magia ocurre cuando lo abres.
Vamos a traducir esos datos técnicos y aburridos a lo que de verdad nos importa cuando nos sentamos a la mesa:
- Pura carne: Su pared tiene un espesor superior a los 8 milímetros. Esto significa que cuando lo muerdes, ya sea crudo en una ensalada o después de pasarlo por la plancha, hay «chicha». Es un bocado denso y crujiente.
- Adiós a los molestos pellejos: ¿Sabes esa sensación de masticar un pimiento y que la piel se te quede pegada al paladar? Con este, eso no pasa. Su piel es fina y poco dura, por lo que tras la masticación desaparece sin dejar rastro.
- Jugo y dulzor: En boca es una explosión de jugosidad. Tiene un dulzor medio y muy amable, es muy poco amargo y, por supuesto, no pica absolutamente nada.
- Tamaño XXL: Con una anchura mínima de 10 centímetros y sus característicos 3, 4 o 5 «lóculos» (esos bultitos en la parte inferior), es un pimiento ideal para rellenar. Aguanta lo que le echen.
Septiembre: Olor a asado en las calles
Aunque ahora en primavera estemos preparando la tierra, la verdadera fiesta llega cuando el calor empieza a aflojar. El último fin de semana de septiembre, las localidades de Fresno de la Vega (León) y Benavente (Zamora) huelen a leña, a humo y a pimiento asado.
Sus Ferias del Pimiento (incluidas en el calendario oficial de Castilla y León) son un lugar de peregrinación obligatoria para los amantes del buen comer. Calles enteras volcadas con su producto estrella, donde la Cofradía del Pimiento de Fresno se encarga de velar por la tradición y de que nadie se vaya a casa sin probar esta maravilla roja.
Ya sea asado a fuego lento, coronando un buen bacalao, o cortado en tiras gruesas con un chorro de aceite de oliva virgen extra y sal en escamas, el Pimiento de Fresno-Benavente es un lujo humilde que nos recuerda por qué amamos tanto la gastronomía de nuestra tierra.














