Y toca hacer la última parte de este recorrido por el Bierzo Alto, acercándonos a la parte donde el río Boeza es el protagonista y guía. Es la zona más oriental de la comarca y se encuentra marcada por la Sierra de Gistredo, con el macizo de Catoute de 2.112 metros, donde los valles son altos y aislado. La actividad agropecuaria marcaba la vida de estas gentes hasta que en el XIX la minería lo absorbió todo.

El valle del Boeza cuanta con más de setenta castros prerromanos y romanos, lápidas votivas, miliarios y restos de puentes. Uno de los hallazgos más importantes de la zona es el bronce de Bembibre, del 15 a.C., que habla de la guerra de Roma contra los astures y de los yacimientos auríferos romanos.

Fuera de Bemibre, seguimos el curso del Boeza hasta Albares de la Ribera, un pueblo que ya mencionaba en el siglo X en relación con un monasterio desaparecido. Por su parte, la Ribera de Folgoso, también se mencionaba en el siglo X en relación al monasterio de Tabladillo. Folgoso es un pueblo sobre todo concurrido durante las navidades gracias a su famoso Nacimiento, que se viene exponiendo desde 1963.

A continuación, nuestro recorrido nos lleva a Boeza, Igüeña y Colinas. Este último, y como ya hemos mencionado en artículos anteriores, se encuentra ya en las inmediaciones de la Sierra de Gistredo. La flora y la fauna sorprender, pues a excepción del resto del valle, carece de zonas mineras y sus poblados viven de la ganadería.

Desde Colinas podemos tomar un camino que nos conduce a la Campa de Santiago, a cuya ermita acuden numerosas personas el 25 de julio en romería. En esta Campa nace el Boeza, de la unión de varios arroyos que bajan de las montañas.

Otra opción es continuar a pie hasta el pico Catoute, desde el que poder contemplar la espectacularidad de todo el valle.