La fermentación es uno de los procesos principal de la creación del vino, y se podría definir como la transformación del zumo de uva (mosto) en vino.

Es el proceso de fermentación del mosto, consiste en la transformación en alcohol de los azúcares que contiene la uva. Durante la fermentación se liberan muchas sustancias de hecho a lo largo de este proceso natural, se llegan a producir más de una treintena de reacciones químicas.

A medida que el proceso de fermentación va avanzando se va reduciendo el contenido de azúcar en el vino y va aumentando la presencia de alcohol. De esta manera, las levaduras se van muriendo poco a poco por falta de alimento y el proceso se detiene, obteniéndose un vino seco, sin azúcar. Si uno desea crear vinos más dulces deberá detener la fermentación antes, bien reduciendo la temperatura, o bien incorporando alcohol vínico o añadiendo sulfitos.

Fermentación maloláctica

Se la conoce como fermentación secundaria y es el proceso que se produce tras la fermentación alcohólica. A través de la acción de bacterias se transforma el ácido málico en ácido láctico. Este ácido es menos agresivo que el málico con lo que se consigue suavizar el vino. Este tipo de fermentación es muy importante en cuanto a los vinos tintos pero no es nada aconsejable para los blancos porque pierden aroma y frescura.

El proceso por el que se crea un vino es complejo y lleno de términos químicos, que finalmente da como resultado un producto al que muy pocos pueden resistirse.

Fuente: www.directoalpaladar.com