A todo el mundo le gusta un buen queso. El ser humano está obsesionado con él desde que descubrió que la leche cuajada era buena para comer y que podía durar. Hoy en día existen unas 2.000 variedades diferentes y, desde un queso añejo acompañado de un buen vino (del Bierzo, por supuesto) hasta una mozzarella fibrosa que rezuma sobre una base de pizza, todo el mundo tiene un queso favorito. Sin embargo, podemos asegurar hay muchas cosas que no sabes sobre el queso. Aquí van algunas de ellas:

El queso es más antiguo que la historia registrada

Los historiadores sugieren que el ser humano ya fabricaba queso hace 7.500 años. Las pruebas son circunstanciales y se basan en grasas residuales encontradas en fragmentos de cerámica, pero si las estimaciones más extremas son ciertas, significa que el bloque de queso cheddar de tu nevera tiene una historia que se remonta al Neolítico.

No provoca pesadillas

Un viejo mito afirma que no debes comer queso antes de acostarte porque te provocará pesadillas. Sin embargo, el queso contiene un aminoácido llamado triptófano, que favorece el sueño profundo, y las pesadillas tienden a producirse cuando se altera el sueño.

Aunque es posible que sigas teniendo pesadillas después de comer queso, puede ser porque lo has acompañado de una comida copiosa.

A los ratones no les gusta mucho

¡Hemos sido engañados! Si tratas de atrapar a un ratón con queso, sólo conseguirás alejar a la criatura.

Un estudio descubrió que los ratones prefieren los alimentos dulces y azucarados a los aperitivos salados. Los ratones no suelen tener acceso al queso, así que aunque lo coman si tienen hambre, no han desarrollado una afición por él. También es posible que les repugnen los quesos más picantes.

Es beneficioso para la salud

El queso tiene mala fama por engordar y muchas variedades contienen altos niveles de sodio. Pero no todo son malas noticias. Como alimento lácteo, el queso es una muy buena fuente de calcio y vitamina D (por lo que es bueno para los huesos) y de otros nutrientes como zinc, fósforo, vitamina A, vitamina B2 y vitamina B12.

Si te preocupa la grasa, variedades como el parmesano, la mozzarella, la ricotta, el requesón y el feta son los quesos más magros.

Puedes comerlo si eres intolerante a la lactosa

Aunque siempre depende de tu nivel de intolerancia, muchas personas intolerantes a la lactosa pueden comer quesos curados y secos como el cheddar, el parmesano o el gouda. Las bacterias de estos quesos curados han tenido tiempo de convertir la lactosa en ácido láctico que cualquiera puede comer.

También somos tierra de queso

Por último, y no menos importarte, somos tierra conocida por nuestro embutidos y dulces, pero en la provincia de León también se elaboran muchos y riquísimos quesos. De leche de cabra, de vaca o de oveja, quesos azules, cremosos…

Uno de los más conocidos es el Veigadarte, de nuestra tierra Berciana y elaborado en Ambasmestas, pero hay muchos más: San Vicente, Valdeón, Los Payuelos, Marsan… y otros tantos que nos dejamos en el tintero pero que refuerzan una industria quesera en ¡auge!