Pese a ser una fruta tropical, el mango ya se ha convertido en un producto autóctono. El árbol es originario de la India y existen unas 50 variedades de mangos, aunque no todas son comestibles. La Fundación Española de Nutrición considera esta fruta “saludable y medicinal, dotada de una elevada riqueza vitamínica y en él se reconocen una serie de valores diuréticos y laxantes. Sus hojas y flores en muchas regiones son utilizadas con fines medicinales. Su consumo habitual es fresco, pues así se pueden apreciar mejor sus cualidades”.

El mango es una fruta rica en fibra y con una baja aportación calórica, si bien está compuesta por hidratos de carbono en su gran mayoría. Contiene potasio y magnesio y es rico en vitaminas A y C.

Tiene propiedades antioxidantes, más que las manzanas (aunque no más que los frutos rojos). Los betacarotenos actúan como protectores ante la proliferación de células tumorales. Y a pesar de su dulzor, esta fruta ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre, gracias a la presencia de mangiferina.

Para conservarlo, es mejor guardarlo en una despensa en lugar de en la nevera, pues el mango no soporta bien las bajas temperaturas.