Esta es una ruta dura, con 26 kilómetros y un nivel de dificutad medio, que nos lleva de Peranzanes a Pereda de Ancares.

A lo largo del camino, el viajero se encontrará magníficos restos de castros, poblados circulares prerromanos de origen celta. El más importan es el que se encuentra en la localidad de Chano. Está muy bien conversado y se puede visitar libremente.

Tras la visita histórica, avanzamos hacia la aldea de Guímara, que esconde la bella iglesia de San Bartolomé. Después, el camino vuelve a elevarse y busca el alto del Boquín, cruzando lozanas praderas. Arriba del todo, si se quiere, uno se puede desviar por un sendero hasta el límite con Asturias para asomarse a la espectacular comarca de Ibias. Si tenemos suerte y el días es claro, podemos llegar a ver el mar a lo lejos.

Tras este pequeño desvío, volvemos a nuestra rata, donde nos adentraremos por primera vez en el territorio de los Ancares. Disfrutando de asombrosas vistas, llegaremos a Pereda de Ancares, una localidad sorprendente, en la que abunda las “pallozas!. De origen celta y desarrollo medieval, son construcciones circulares de muro de piedra cubiertas con paja de centeno, atérmica e impermeable, que al mismo tiempo hace las veces de cuadra para el ganado, vivienda para la familia, pajar, panera y almacén.