Me cuesta escribir sobre los bosques del Bierzo sin sentir un pellizco. Quien ha caminado entre castaños centenarios, quien ha buscado sombra en un robledal o ha seguido el rumor de un hayedo, sabe que aquí no hablamos solo de árboles. Hablamos de casa.

Un paisaje que nos define

El Bierzo es un mosaico de verdes que cambian con la luz y la estación. Robledales, castañares, encinares, hayedos… todos conviven en este rincón de montañas y valles que hacen de frontera y de puente. Esa diversidad es la que nos regala frutos, setas, madera, aire limpio. Es la que nos da carácter.

El verano que dolió

Este verano, sin embargo, el verde se volvió negro. El fuego arrasó cientos de hectáreas, quemó castaños que habían visto pasar generaciones y dejó cicatrices que tardarán en cerrarse. Hablamos de más de 1.300 hectáreas de castañar dañadas, un golpe que no es solo económico: es emocional. Porque cada árbol caído arrastra recuerdos, historias y la sensación de fragilidad.

Ver arder un monte en el Bierzo no es ver arder “el campo”: es ver cómo se quema parte de lo que somos.

Lo que queda y lo que viene

Pero también hay resistencia. Hay voluntarios que se organizan para asentar el suelo, asociaciones que reforestan, técnicos que estudian nuevas formas de manejar el bosque. Porque está claro que no basta con apagar incendios: necesitamos cuidar el monte todo el año. Pastoreo, limpieza, gestión sostenible. Eso que antes se hacía de manera natural y que ahora, tras décadas de abandono, toca recuperar con urgencia.

Una responsabilidad compartida

Cuando pienso en los bosques del Bierzo, no me vienen a la cabeza solo paisajes de postal. Pienso en la leña de la cocina baja, en las castañas asadas, en los paseos de otoño, en la humedad de los hayedos. Y también en la obligación de defenderlo, porque este verano nos recordó lo frágil que puede ser todo lo que damos por seguro.

Los bosques del Bierzo son nuestra raíz y nuestro futuro. Y aunque el fuego haya herido su piel, queda en nuestras manos que vuelvan a vestirse de verde. No como una promesa lejana, sino como una tarea que empieza hoy.